¡Dios no Cambia lo Establecido!

May 15, 2013 No Comments »

“Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos”. Malaquías 3:6

No es necesario ser un genio financiero para darse cuenta que este sistema económico mundial está destinado a fracasar. No me malinterprete, eso no significa que esté de acuerdo con los que auguran catástrofes y predicen un colapso económico mundial. Tal suceso no ocurrirá, al menos no mientras la Iglesia permanezca en la Tierra para preservar las cosas. Sin embargo, con el tiempo veremos cómo los imperios creados por la humanidad fracasarán. Éstos caerán tarde o temprano, pero una cosa es segura: sí ocurrirá. Cuando esto suceda, economistas y políticos tendrán cientos de diferentes razones de lo ocurrido. No obstante, sólo habrá una razón: La economía de este mundo está basada en un sistema de comercio que se originó en la torre de Babel, un sistema en el que la humanidad trata de suplir sus necesidades sin la ayuda de Dios y tal hecho está destinado divinamente a fallar. Para averiguar que es cierto, lea la Biblia y vea el primer pueblo que ideó ese sistema. Era un grupo de personas a diferencia de la mayoría de gente de hoy en día que en realidad entendía la manera en la que Dios hace las cosas. Ellos conocían Su método de creación: imagínelo, créalo y declárelo.

Dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Génesis 11:4-8

Lo que Dios hizo en Babel fue más que sólo confundir el idioma de los que construían la torre. Él habló confusión sobre su forma de actuar sin ayuda divina. Les colocó un límite en cuanto a su habilidad de expresar  entre sí lo que imaginaban. Su comunicación se deshizo a tal punto que no sabían qué más debían hacer; y entonces se alejaron dejando la torre a medio construir como un monumento a su fracaso. Desde ese día hasta la actualidad, lo mismo le ha sucedido a cada grupo de gente impía, y desobediente que ha intentado utilizar su propio poder humano para crear y mantener su reino terrenal. Ellos sólo han podido construir torres, ciudades, naciones y han edificado una economía en la que al presentarse la confusión se ha derrumbado.

Sucedió antes y sucederá otra vez, Babel está establecida para fracasar; sin embargo, usted no lo está. Si es un creyente nacido de nuevo, ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador, Él ha establecido que usted sea BENDECIDO.

Usted ya no es más un cautivo de la economía Babilónica, porque a través de Jesús, fue liberado de ese sistema confuso e impío, y fue trasladado por completo a otro sistema. Como heredero del último Adán, fue colocado de nuevo en el sistema de prosperidad del Edén que Dios creó en el principio, fue devuelto al lugar de LA BENDICIÓN.

Así como se lo expresó al primer Adán, Dios también se lo dijo a usted: «…Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla…» (Génesis 1:28). Él lo ha coronado con Su misma gloria creadora (Salmo 8:5), lo ha bendecido con cada bendición espiritual que se encuentra en los lugares celestiales (Efesios 1:3) y ha liberado a un incalculable número de ángeles para que ministren a nuestra orden o favor (Hebreos 1:14). Él lo ha redimido de la maldición para que la BENDICIÓN de Abraham pueda venir sobre usted a través de Jesucristo (Gálatas 3:13-14).

No importa de qué punto de vista lo analice, Dios ya estableció en que usted sea BENDECIDO y pueda vivir en esa BENDICIÓN, incluso en medio de la confusa economía babilónica.  ¡Dios no cambia lo establecido!

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. Santiago 1:17

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